enfermedades de la microbiota
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Enfermedades más importantes relacionadas con la microbiota intestinal.

En nuestro cuerpo conviven multitud de microorganismos vivos que forman la microbiota. Siempre que pensamos en microbiota la relacionamos con el intestino, porque es la más rica y variada, pero también en nuestros ojos, boca, en el aparato urinario y en los órganos sexuales femeninos tenemos un microbioma.

Como dice el título del libro de Gioconda Belli, “Mujer habitada”, somos seres habitados, unos huéspedes que alojamos a unos microorganismos de los cuales a su vez nos beneficiamos. El científico Bruce Birren lo expresa muy bien cuando dice: “Cuando me levanto de la silla, se levantan conmigo diez veces más células bacterianas que humanas”.

Este ecosistema ha de tener un equilibrio para que ninguna especie pondere sobre otras de modo descontrolado y cohabiten en armonía; sin embargo esto no siempre es así y cuando se produce un desequilibrio o disbiosis pueden aparecer una serie de síntomas y patologías.

Comer debería ser algo placentero, nunca doloroso o con consecuencias desagradables. Si tienes digestiones pesadas; hinchazón abdominal; cambios en la frecuencia o consistencia de las heces; gases u otros síntomas digestivos, quizás es el momento de prestar atención a tu microbiota y descartar algunas de las enfermedades que pueden estar relacionadas con ella.

Veamos algunas de las principales enfermedades relacionadas con la microbiota intestinal.

SIBO (Small Intestinal Bacterial Overgrowth)

Como hemos comentado, una microbiota sana requiere de un equilibrio entre todas sus especies; si desaparece alguna de ellas, no hay suficiente variedad o existe un sobrecrecimiento de hongos o bacterias, se produce la disbiosis. El SIBO (Sobrecrecimiento Bacteriano del Intestino Delgado) es uno de los tipos de disbiosis intestinal, con la particularidad de que se da en una zona en la que no hay tanta variedad ni cantidad de microorganismos.

El SIBO se produce por un crecimiento excesivo de bacterias en el intestino delgado, donde normalmente hay una escasa población de las mismas. Este tipo de microorganismos migran desde el intestino grueso y el colon, donde sí están presentes, colonizando “zonas limpias”.

Es complejo de diagnosticar, dado que los síntomas son similares a otros cuadros de trastornos digestivos, pero si hay sospechas se puede detectar con el test de aire aspirado, que mide la cantidad de hidrógeno metano en el aliento. Dado que nuestro organismo no produce esos gases, si encontramos una cantidad elevada de los mismos puede ser indicativo de una elevada presencia de bacterias.

Si quieres ahondar sobre este trastorno, te recomendamos este artículo sobre el SIBO que escribimos en nuestro blog.

Helicobacter Pylori

El Helicobacter Pylori es el nombre de una bacteria con gran prevalencia en el mundo. En este estudio detectaron que hasta un 60% de la población de Madrid podría estar infectada, aunque solo un porcentaje pequeño llega a tener síntomas.

Hace años se pensaba que el estómago era un órgano estéril, debido a que los jugos gástricos destruirían cualquier microorganismo; hasta que descubrieron elementos del microbioma del estómago y al Helicobacter Pylori, que es capaz de sobrevivir al ambiente hostil del estómago produciendo una nube de amonio alcalino. Así se las gasta esta bacteria que trae de cabeza a tantas personas. La infección por Helicobacter puede producir cambios en la microbiota intestinal, que además también se ve afectada por el tratamiento antibiótico usado para erradicar a esta indeseada bacteria. Este sí que es un inquilino no deseado

Obesidad

La microbiota intestinal se considera un nuevo factor implicado en la regulación del peso corporal y las enfermedades asociadas a la obesidad, dada su influencia en las funciones metabólicas e inmunológicas.

En este estudio establecen la hipótesis de que la microbiota de los individuos obesos puede ser más eficiente en la extracción de energía que la microbiota de los individuos delgados. Además la composición de la microbiota en personas obesas parece tener menos bacterias productoras de butirato (ácidos grasos de cadena corta).

Sin que se haya podido establecer todavía una relación exacta, sí se ha comprobado que a mayor diversidad de microbiota, menor índice de obesidad. Si pensamos que podemos cambiar la composición de nuestra microbiota en tan solo días, según la comida que ingerimos, deberíamos tomarnos muy en serio lo que estamos consumiendo. Todo aquello que servimos en nuestro plato, pasará a ser alimento de los microorganismos que nos habitan. Es para pensárselo dos veces ¿no crees?

Síndrome de Intestino Irritable.

Estudios recientes, como los que citan en este artículo, empiezan a perfilar la asociación entre la disbiosis y las enfermedades gastrointestinales. En el caso del Síndrome del Intestino Irritable (SII) se han demostrado diferencias importantes en su microbiota en comparación con los controles sanos. Se demostró un incremento de 2 veces en la relación Firmicutes/Bacteroidetes, con menos población de Lactobacillus y Bifidobacterias en los pacientes con SII.

Esta dolencia digestiva tiene también una muy alta prevalencia en la población y dificulta el día a día de muchas personas que se ven obligadas a cambiar sus hábitos debido a los síntomas.

Trastorno celíaco.

No hay todavía una relación clara entre celiaquía y microbiota, sin embargo la disbiosis y las bacterias asociadas a la enfermedad celíaca pueden ser un factor de riesgo ya sea por influencia directa en las respuestas inmunes de la mucosa o por incrementar la respuesta inflamatoria al gluten.

Las personas con enfermedad celíaca presentan una reducción de las especies beneficiosas (lactobacilos y bifidobacterias) y un aumento de aquellas potencialmente patógenas (bacterias gramnegativas).

Esteatohepatitis no alcohólica/hígado graso no alcohólico.

El hígado graso no alcohólico es una de las causas más frecuentes de enfermedad hepática y varios estudios recientes relacionan la biodiversidad reducida de la microbiota con el desarrollo de enfermedades hepáticas.

Entre los descubrimientos cabe destacar que la presencia de ácido fenilacético, producido por bacterias en el intestino, favorece la acumulación de grasa en el hígado. Esta conclusión podría abrir nuevas vías esperanzadoras de tratamiento si se logran eliminar las bacterias que favorecen el desarrollo del hígado graso.

El eje intestino cerebro

En los últimos años los estudios y artículos acerca de la microbiota y su relación con diversas enfermedades se han disparado. Recientemente se ha puesto el foco en las enfermedades neurológicas. Fruto de estas investigaciones ha surgido el concepto del eje intestino-cerebro. Aunque aún quedan muchas incógnitas por esclarecer, este eje se relaciona con una posible base patógena para numerosos trastornos neurológicos como la enfermedad de Alzheimer, la enfermedad de Parkinson o la esclerosis múltiple.

También se está relacionando con trastornos psicológicos como la depresión. Siempre se nos ha dicho que debemos mirar nuestro interior para comprender nuestros estados de ánimo, pero nunca pensamos que sería tan literal.

Cuida de los que te cuidan

Si algo ha quedado claro es que ese ejército de microorganismos que vive en nuestro interior vela por nuestra salud, y no solo la física, sino también la psicológica. Así que hemos de cuidar a estos microorganismos que a su vez nos cuidan.

Una alimentación equilibrada debe contemplar todo, no nos vale que comas una dieta variada si luego te atiborras de un pan industrial acompañando a todas tus comidas. Te lo ponemos bien fácil, en Panteff hemos elaborado un pan específicamente pensado como alimento prebiótico, que favorece la salud de la microbiota, un pequeño gesto que marcará una gran diferencia.

Fuentes: